18 febrero 2009

Los paraisos artificiales en Madrid (1930)

La Estampa era una "revista gráfica y literaria de la actualidad española y mundial" dirigida por Vicente Sánchez Ocaña y ediatada en Madrid de 1928 a 1938. Era el típico semanario ilustrado, género muy popular durante aquella época, con muchas fotografías y reportajes de investigación, actualidad, viajes y curiosidades.

Allí apareció, el mes de junio de 1930, repartido entre varios números, un jugoso artículo sobre el mundo de la droga en el Madrid de Alfonso XIII (al que le quedaba poco de reinado). Lo firmaba Luis G. de Linares y resulta terriblemente interesante. Se títulaba Los paraisos artificiales en Madrid.

El mismo artículo se define como "objetivo" al tratar sobre "un problema que ningún país acierta a resolver". En España la situación no era alarmante: unos cientos de toxicómanos en Madrid y varios miles en Cataluña (debido a la cercanía de los puertos por donde se introducía la droga).



La cocaína ocupaba la primera parte del reportaje, la publicada el 10 de junio. El periodista visitaba a "un alto funcionario ministerial" y a un médico que le informaron de la intención gubernamental de establecer un "monopolio de estupefacientes" con el fin de limitar la venta ilícita.

[Así pues, el último gobierno de Alfonso XIII se palnteó muy seriamente la legalización de las drogas, tanto duras como blandas (aunque en esa época no había tal distinción) ]

La primera persona está muy presente, Luis G. es el protagonista absoluto del reportaje que no deja de ser una reelaboración narrativa de pesquisas, informaciones y relatos. El estilo periodístico ha avanzado mucho en 70 años y es evidente que en aquella época se sacrificaba de manera muy evidente la verosimilitud en favor del dramatismo (lo que no quiere decir que en la actualidad no se haga lo mismo, aunque de diferente forma). Digamos que la prensa española de la época era preeminentemente literaria y, como tal, este reportaje adquiere un tono puramente narrativo.


"La Marañón"

Las primeras pesquisas en busca de toxicómanos no daban resultados hasta que nuestro intrépido periodista decidía introducirse en "un bar de la calle Caballero de Gracia" lleno de "chulitos elegantes, efebos, cocotes internacionales..." y allí, entre vermut y vermut conocía a Maruja, "La Marañón", una joven prostituta que le daba la información que necesita para comenzar a trabajar.

[No deja de molestar el hecho de que toda la conversación con la prostituta parezca un recurso narrativo más que otra cosa]



"La Marañon" le relataba la desgracia de "El Turco", un hombre que se dio a la droga por amor. Y que había pasado detenido tres días porque la policía en una redada le había incautado 4 gramos de morfina...

["El Turco" terminaría siendo el cicerone de Vicente Sánchez por el submundo toxicómano de Madrid]

También le contaba como empezó a trabajar de enfermera en un "sanatorio" para "toxicómanos adinerados" y como fue corrompida (es un decir): "A los quince días me llamó el director a su despacho, y me dijo que estaba dispuesto a darme quinietas pesetas mensuales si me volvía más complaciente con los enfermos. Yo, que nunca tuve grandes prejuicios acepté"

[Aquí se juega bastante con el equívoco, ya que en realidad, como ella misma cuenta, no estaban hablando de favores sexuales (se mostró sorprendida por eso) sino de proprcionar droga a los pacientes para mantenerlos contentos y "enganchados" al sanatorio. Digamos que la joven estaba dispuesta a hacer ambas cosas]

El periodistá siguió con el interrogatorio y se interesó por si la señorita de mala vida seguía aún con los trapicheos de drogas, a lo que ella contestó: "¿Tu crees que si yo tuviera cocó o morfina tendría que estar ahora contigo, así, para poder cenar esta noche? ¡Vamos hijo!"

[Toda esta escena es terriblemente artificial y potencia la impresión de que el artículo ha sido manipulado para potenciar el dramatismo y la comicidad, según convenga, de las pesquisas]

Vicente Sánchez Ocaña invitaba a la joven a un restaurante y allí continuaban hablando del "sanatorio". Los pacientes son descritos como "degenerados por aburrimiento", jóvenes malcriados que lo tienen todo en la vida...

"La Marañón" le relataba también un caso en particula, el de María del Rosario, una jóven de 16 años, frustada porque su madre le prohibía pasear con hombres y que conoció a una mujer adulta con la que trabó amistad. Fue ella quien la introdujo en el mundo de la cocaína hasta que privada de la droga enfermó y fue llevada al hospital.

[Esta historia, que ocupa más de dos páginas, resulta increiblemente artificial y melodramática. Es casi seguro que se trata de una elaboración del periodista sobre un testimonio anterior. Dificilmente "La Marañon" podría narrar una historia con tantos detalles y digresiones]

El artículo del día 10 de junio terminaba con un encuentro con "El Turco", en pleno síndrome de abstinencia, totalmente enloquecido y finalmente desmayandose en un parque.


"El Turco"

Muled, "El Turco" era hijo de un diplomático. Durante su juventud había sido corresponsal de guerra para Il Corriere della Sera. Así pues se mostró extremadamente colaborador con el periodista que lo entrevistaba. Conocía el gremio.



Juntos fueron a la calle Alcalá. Allí existía un mercado de droga ("subasta de morfina") para los drogadictos pobres (existía otra vía de tráfico para la gente adinerada: el cabaret)... exactamente la lonja se encontraba en "el trozo de acera comprendido entre la Puerta del Sol y la calle de Peligros". En verano se transladaban al parque de Santa Ana (lugar más fresco) justo cuando el gobierno se transladaba a Santander,

[Durante muchos años fue costumbre en España transladar la Corte y el Gobierno a un lugar más propicio climatológicamente para pasar el verano]



El la Puerta del Sol "El Turco" compraba droga (10 gramos de morfina por 50 pesetas) al ayudante de un médico. Los otros vendedores eran ayudantes de farmacia, viajantes que solían hacer la ruta de Barcelona (por donde entraba la morfina en España)...

[Así, como si fuera una narración real, el autor del reportaje hace un repaso a las vías típicas de entrada de las drogas en la capital]


"La Guarida"

La siguiente parada era "La Guarida", "una cañería de desagüe medio obstruida por inmundicias" debajo de paseo de Ronda. donde "El Turco" compartía desventuras con José R. , otro morfinómano "ex empleado de la secretaría política del conde Romanones". Allí dormían usando de colchones y mantas carteles arrancado de las carteleras teatrales ("Vea usted mi colcha. Es el cartel de Eslava anunciando Las Castigadoras")... lo que daba pie a hablar de la impotencia asociada al consumo de opiáceos. Allí los drogadictos consumían la droga (un gramo diario)

["Para que la morfina se disolviese en el agua expusieron los recipientes a la llama de un mechero. Luego llenaron las jeringuillas e inyectaron su contenido en el antebrazo"]



Allí, tras probar la droga, los morfoinómanos caían dormidos, en un sueño "parecido a la muerte" (porque eran "suicidas a quienes falta valor para el gesto definitivo")

[Aquí al autor se le va un poco la mano poética]


Charla de café

Pocos días después Luis G. se reune con unos toxicómanos alrededor de una mesa de café: "El Turco", José R., Ricardo Varela y Rosita. La charla iba a ser muy didáctica.

El consumo de drogas va unido al vicio. Esa idea sobrevuela todo el artículo. Y no es nada complaciente. Y los personajes (que en fondo es lo que son, personajes de una narración) hablaban con una franqueza impensable diez años después. Así Rosita se dirijía al periodista (hablándole al oído):



"que ella también era muy viciosa y gustaba de amores perversos. Me aseguró que todos los martes se excitaba con cocó, todos los jueves se emborrachaba con éter y todos los domingos olvidaba sus infinitos pecados gracias a la morfina. Tenía unas mejillas como rosas y uno labios como fresas"

[Otra vez le vuelve al autor la vocación poética]

Hablaban de la prohibición de las drogas (o la limitación de su uso) ocurrida en España en la década de los años 20'. Y cómo esa medidad (ineficaz) había convertido la vida del toxicómano en un infierno... teniendo que recurrir al tráfico ilegal.

[En medio de la conversación, y sin que nadie lo viera, "El Turco" sacó su jeringuilla "mugrienta" y se inyectó en el muslo]

Lo relatado después sorprende por su actualidad (algo que no ha envejecido, como tampoco lo han hecho las descripciones de los vagabundos toxicómanos en los subsuelos de la capital): timos a doctores, atracos de farmacias... síndromes de abstinencia.


El fumadero de opio

Situado en el barrio de la Guindalera en el interior de un jardín abandonado. Y Estaba regentado por un chino llamado Tchao-Tso-Le.



El periodista duda de que realmente sea un fumadero real ("en España no hay") y da una imagen bastante cómica tanto del chino (contando monedas como un viejo avaro) como del antro: "una habitación de regulares dimensiones toda de negro empapelada; un farol chino de verbena esparciendo una de esas luces que aspiran a ser misteriosas, un Budha de escayola made in germany, unos pequeños ídolos impúdicos, unos crisantemos de papel rizado en unos jarrones de Talavera, unos divanes turcos jugando a las cuatro esquinas en la habitación y un olor a papel de armenia perfumando (...) la habitación"

Da la impresión de ser un timo en que Rosita ejerce de gancho (cuesta 20 pesetas entrar) destinado a atraer damas y caballeros de la alta sociedad madrileña.


La solución al problema de la droga

Ricado V.: "la vigilancia de las fronteras para impedir el contrabando de droga, y (...) la construcción de un sanatorio para curar a los intoxicados"


El infierno de las drogas



El artículo tiene una finalidad clara: acabar con el mito de Los paraisos artificiales. La droga es el infierno. Y así, uno a uno, el círculo de morfinómanos le va contando su vida al periodista.

José B.: nieto de un esclavista e hijo de un burgués. Nacido en La Habana aunque su familia regresó a España tras el Desastre de 1898. Licenciado en Derecho se dió a la mala vida y la holgazanería. Heredó una gran fortuna que fue dilapidando hasta que, durante La Gran Guerra, como último recurso, decidió compra moneda alemana porque la victoria de estos estaba clara. Se arruinó y terminó mendigando. La morfina le hacía olvidar la vergüenza que sentía por ello.

Ricardo V.: en África, durante el desastre de Annual, fue herido en una pierna. En el Hospital de Melilla para evitarle el dolor le inyectaron morfina. Y así se introdujo en el vicio.

Muled "El Turco": por amor.

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