09 mayo 2006

Truffaut, pedagogía y amor

En 1799 (cuando el "siglo de las luces" agonizaba) en un bosque del Langedoc, muy cerca de los Pirineos, un grupo de cazadores encontró a un niño salvaje, de unos 12 años. Aquella pobre alma llevaba la mitad de su vida fuera de la sociedad, alimentandose de raices y frutos, porque sus padres lo habían abandonado a su suerte allí. Era poco más que un animal.

Lo transladaron a París y apunto estuvo de ser internado en un manicomio pues las autoridades médicas creyeron que se trataba de un deficiente mental. Sin embargo, un jóven doctor, Jean Marc Gaspard Itard, especializado en los trastornos de la comunicación, creía que había posibilidades de reinsertar al niño en la sociedad. Consiguió su custodia, le dió un nombre (Victor) y durante cinco años lo educó.

El niño se hizo hombre, pero jamás pudo hablar ni reinsertarse en la sociedad. Murió en 1828. Itard publicó dos informes maravillosamente escritos sobre el proceso de educación del Victor, pero, ante su fracaso, se centró en el cuidado de ciegos y sordos, poniendo las bases del método Braille.


Esta es la historia. Y también el argumento de esa extraordinaria película que es "El pequeño salvaje" del añorado François Truffaut. Sin embargo, el director francés se detiene pronto, antes de que el niño alcance la pubertad, cuando todavía es un niño, cuando Itard descubre que el salvaje entiende el concepto de justicia, cuando todos comprenden que Victor ya no pertenece al bosque, pero posiblemente nunca pueda volver a la sociedad. Lo demás no importa.

"El pequeño salvaje" es única en su género. Salvo el prólogo (la captura) y el épilogo (el intento de fuga), toda la pélícula se centra en el proceso de educación de Victor. Es una película pedagógica, una canción de amor, no al buen salvaje, sino al buen maestro. Itard no levanta su mano, no pega, sus castigos son medidos y justos, salvo en una ocasión en la que el propio Itard (interpretado por Truffaut) siente asco de si mismo.

Truffaut quiere rodar dos conceptos, dos ideas: Justicia y Educación. Poca películas hay tan teóricas como ésta, sin embargo apenas se habla, lo justo, quizás la necesaria voz en off de Itard leyendo trozos de sus informes. Las ideas llegan a nuestra cabeza a través de las imágenes (¡que grande Nestor Almendros y su blanco y negro!). Cine puro, puro cine.

"El pequeño salvaje" termina bruscamente, cuando el niño lleva pocos meses con el doctor. Pero Truffaut ya ha contado todo lo que quería contar, y sólo ha necesitado 80 minutos. La película nos habla de un niño (y cuando el niño crece ya nada tiene sentido) y de un sueño: una educación razonable de la que careció el propio director (veáse "Los 400 golpes"). La película nos habla del sueño de la razón, no de sus monstruos. Truffaut no hace cine documental, y muy posiblemente lo deteste. No rueda la realidad, rueda ideales, ilusiones.

Es por esto que todas sus películas son hermosas declaraciones de amor. Y es eso mismo lo que echamos en falta hoy en día. Porque al morir Truffaut, murió el último humanista que podría habernos salvado.

2 Comments:

  • Cierto, El Pequeño Salvaje es una pequeña maravilla, igual que muchas películas de Truffaut. Es curioso descubrir (por la reciente biografía publicada sobre el director) como un crítico tan furibundo, tan cruel, tan despiadado luego demuestre tanta sensiblidad en sus películas, tanto amor.

    By Anonymous Anónimo, at 5:52 p. m.  

  • Una gran película. Yo la vi hace años y creo que deberé volver a verla en breve. Es una película apasionante, con silencios verdaderamente sobrecogedores.

    By Blogger dooddle, at 10:40 a. m.  

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