25 mayo 2010

Apuntes sobre Lost

Comprendo que quien asistiera al final de LOST buscando respuestas se sentiría decepcionado. Mucha gente esperaba un último plano maravilloso, un gran porqué, un grito esclarecedor...

Lo que se encontraron fue un momento de catarsis mística. Un "no-hay-respuestas": debemos ser felices, alcanzar la plenitud, dejar atrás el pasado. Vivir aún en la muerte.

En realidad LOST termina con un interrogante que da un sentido diferente a toda la serie. Durante toda la sexta temporada han estado preparándonos para una pregunta que estaba presente en toda la serie, una pregunta que muy pocos se habían planteado: ¿Es posible ser feliz?

Aquí es cuando los guionistas hacen trampas: nos presentan un felicidad mística, más allá del tiempo y el espacio. Irreal, por tanto. Pero, ¿acaso no hablamos de un drama de ciencia ficción? ¿Por que aceptamos el humo negro, la isla, hablar con los muertos y sin embargo nos cuesta creer en un más allá tan real y tangible como nunca se ha visto?

Debemos entender la naturaleza peculiar de LOST, una serie que sólo funcionaba planteando preguntas. Dos de los capítulos más decepcionantes de todas las temporadas (y entre el más del centenar ha habido muchísimos realmente penosos) fueron Ab Aeterno y Across the Sea. Y lo fueron porque, aunque al final no lo hicieran, estaban planificados para dar respuestas a preguntas tremendamente vulgares.

Pero LOST sólo funciona mediante más preguntas.

Es como asistir a un espectáculo de magia y pasarlo mal preguntándote cómo ha hecho éste u otro truco. Y sin embargo, nada más triste que un mago explicando su magia.

Y por eso me ha gustado el final de LOST.

Un final que podría haberse colocado hace dos años o dentro de cinco. Es decir, un final donde la isla queda en un segundo plano y lo importante son los personajes, su final.

Un final que consigue trasmitirte la sensación de que quizás estaba pensado desde el principio... porque convierte a la isla en un medio para algo superior y místico.

Sí, nos han vuelto a hacer trampas.

Pero yo me fui a dormir con un sonrisa entre los labios.

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05 junio 2009

Noticia bomba

La noticia:

La Policía recupera una falsa coral en un jardín privado de unas viviendas de Santa María Micaela




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Estaba cenando, o sea.

Y mientras lo hacía, veía el telediario. Lo normal. Creo que el de Antena 3.

Entonces van y le dedican 5 minutos a la noticia de la serpiente en Valencia.

Y yo comienzo a hacer cuentas... lo que vale desplazar una unidad móvil al lugar, el sueldo de los periodistas, varios minutos de prime time...

Es un pastón.

Porque la noticia se las trae: encuentran una serpiente no venenosa en un jardín.

Y hay entrevistas a los vecinos y demás transeuntes.

En un medio nacional. ¡Ojo!

Y bueno, puede que no haya más noticias. Un día flojo, pienso. Entonces leo el periódico y recuerdo que este finde hay elecciones, que Obama ha soltado un discurso en Egipto que da un giro de 180º a la política exterior norteamericana en Oriente Medio de los últimos 50 años o que ha muerto un actor muy popular.

Y aún no estamos en verano. Que es cuando los becarios invaden los medios.

Pero es que ni aún así. ¡Una serpiente en un jardín! ¡En un telediario! ¡En prime time!

Es que ni aunque fuera una víbora venenosa tendría interés.

Si hace dos fines de semana tuve que apartar a una de un camino para no atropellarla. Si mi padre las ve a decenas todos los fines de semana cuando baja a la huerta.

Sí... quizás los periodistas creen que en España no hay serpientes... pero hay muchas. Incluso hay bastantes venenosas.

Pero aparece una simple culebrita (que es lo que es la falsa coral) en un jardín y es noticia de prime time.

Y me viene a la cabeza la imagen de un urbanita en el campo horrorizado por el olor a estiercol y preocupado por si muere envenenado por algún escorpión traicionero.

Porque ese el típico comportamiento de alguién que considera que una serpiente no venenosa en un jardín es una noticia interesante.

¡Para prime time!

Entonces es cuando dejo de comer.


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27 enero 2009

Algo huele a podrido en Gran Bretaña

La explosión zombi de este nuevo siglo tiene uno de sus epicentros más inesperados en Inglaterra. No es sólo 28 días después, sino que también existen otras muchas propuestas (más modestas que aquella) que colocan lo apocalíptico en un primer plano.

Si estamos de acuerdo en que el terror es reflejo de la sociedad que lo produce (si no lo han hecho, lean Monster Show, pero ya) es evidente que lo zombi responde a un mundo en el que las sociedad occidental se encuentra sitiada, donde los enemigos somos nosotros mismos... Irak, Afganistán, y sombras cubiertas polvo saliendo de los escombros de las Torres Gemelas o del metro de Londres.

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Dead Set parte de una idea afortunada: los paricipantes y productores del Gran Hermano británico terminan sitiados en esa casa ficticia cuando estalla una epidemia zombi.



Son cinco capítulos (el primero de 40' y el resto de 25'), así que no se esperen una gran saga de supervivencia y desvarío. Es simplemente una historia pequeña, muy bien hecha y que plantea cuestiones fundamentales para el nuevo siglo. Pero sin dar respuestas, lo que crea una sensación de impotencia y desasosiego que te persigue durante horas después de su visionado.

Además es visualmente deslumbrante y nos deja un par de imágenes absolutamente imprescindibles de ahora en adelante a la hora de analizar el género (esos intantes finales del último capítulo)...



El primer acierto de Dead Set es no ridiculizar Gran Hermano. Los personajes de la casa son ridículos pero una vez comenzado el sitio la mayoría terminan comportándose de forma coherente y humana. Lo dice la protagonista (una ayudante de producción): "esto no es la vida real". La serie da la vuelta a los conceptos: los personajes se comportan de una forma más realista cuando son perseguidos por muertos vivientes que cuando participan en un reality. Y eso como concepto es genial.

Son zombis 2.0. De los que corren, o sea. Pero eso da igual porque ya sabemos que los importantes son los sitiados y no los sitiadores. Y en Dead Set esa idea se lleva hasta sus últimas consecuencias.



Hay buenos personajes, una historia de amor adulta. Hay escatología. La serie comienza floja (parece apoyarse solamente en su idea inicial), pero termina a lo grande.

Muy recomendable. Para los amantes de la nueva ficción británica, para los seguidores de lo zombi y para gente sin prejuicios.

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16 septiembre 2008

Disciplina inglesa

No soy ambicioso, me conformo con poco. Soy lo que se conoce como "público fácil". Me fijo en las virtudes de un producto y apenas noto sus defectos. Y, sobretodo, no considero algo que no me gusta de una forma personal. Es decir, no pienso que una peli que me aburra sea un insulto a mi persona (una enfermedad cada vez más habitual en la blogosfera)



Dicho esto, he de confesar que no sigo una serie nacional desde 2002. Ninguna me engancha y la mayoría me desagradan. No es elitismo barato... simplemente he descubierto Internet en toda su esplendorosa luminosidad.

En primer lugar si sigues una serie extranjera que no está mal puedes aguantarlo porque raramente cada capítulo supera los 50 minutos. Si sigues una mediocridad española te tienes que tragar cerca de dos horas de mediocridad.

Además hay un salto de calidad evidente entre la producción nacional y la que se hace en el extranjero. Los defensores del audiovisual patrio lo achacan al presupuesto: los americanos tienen más público luego pueden gastarse más en hacer capítulos cada vez más caros. Los malinchistas blogueros hablan de la falta de talento de los guionistas españoles. En realidad yo creo que es cuestión de tiempo. Aquí se empiezan a adoptar los métodos yanquis de trabajo sobre el guión, pero la acumulación de tareas y la falta de supervisión hace que no se desarrolle totalmente el potencial de algunas ideas que podrían tener su público.

Y así llegamos al último pecado de la Industria: la falta de ambiciones. No se hace ningún producto original desde hace años. No hay el más mínimo espíritu transgresor y eso es un problema. Porque se puede aguantar que en España se hagan malas series, pero no soporto que en España las series hayan pactado con la normalidad.

¿Cómo se puede entender que Antena3 promocione La familia Mata como "la familia más irreverente de la televisión desde Los Simpson"? Porque hay millones de espectadores que se lo creen. Y contra eso no se puede luchar.



Sólo es posible el cambio a través de la crisis. Sólo con el descenso de la calidad audiovisual española será posible una renovación del medio. Lo dijo Marx, aunque refiriendose a cosas más serias y aburridas. Pero la idea queda aquí. El sistema televisivo nacional deberá quebrar algún día, a no ser que el público se trague lo que le echen lo cual es imposible [uihhhh... vaya escalofrío]



Por eso aplaudo cosas como el estreno de 700 euros. Cosas así marcan el camino que la producción televisiva debe seguir hacia las cotas más apestosas de excelencia.

¿Y después?

Pues no estaría mal fijarnos en la Pérfida Albión. Es decir, no son norteamericanos, pero hacen cosas de calidad. Y no son de los que van despilfarrando euros (en este caso libras) a puñados en cada escena. Podrás decir que tienen más mercado, pero claro es que cómo vamos a competir si el español sólo lo hablan 500 millones de personas (y además, en su mayoría son pobres).

Pero la apuesta británica por la ciencia ficción y los dramas urbanos les está dando muy buenos resultados. Ya es capaz de ofrecer los mejores productos del viejo continente, aunque eso no es difícil si tiene que competir con Austria (Rex) o Italia (Rex).

No sólo es el caso de Doctor Who o de Torchwood. Otras propuestas como Invasión jurásica sin ser de una calidad exagerada se defiende gracias a su arriesgada propuesta de mezclar ciencia ficción, cine de aventuras e intriga conspiranoica.



Hay casos extraordinarios. Una apuesta tan interesante como Jekyll merece una cerrada ovación. Casi comedia sin serlo, intriga conspiranoica (otra vez), terror suave y relajado, elegancia y algo de drama y aventura. Fuera de todo género queda como un divertimento inteligente y adulto lleno de momentos memorables.

Y eso que aquí hablamos de ficciones dramáticas. Hay toda una tradición de comedia que en la isla se domina con maestría y que es difícil exportar a pesar de que está demostrado que aquí, en España, gusta mucho (imprescindible la última edición en DVD de la primera temporada de A Bit of Fry and Laurie,... im-pres-cin-di-ble)

Hay pues, otra vía, otro camino que seguir.

Está la vía que nos lleva a copiar y a imitar la producción foránea. A quitarle todo rastro de originalidad y a darle una pátina de normalidad a todas las situaciones. El abuelo, los nietos, la cuñada andaluza... todos los tópicos tachados, estudios de mercado, televisión familiar.

Está la vía británica. La que nos lleva a, por ejemplo, Secret Diary of a Call Girl. Primero un blog de éxito y luego un libro. La serie peca de videoclipera, pero es imposible no rendirse a su espíritu abiertamente londinense, a su franca admiración hacia el lujo o la elegancia (cualidades denostadas por la producción española) o a sus toques de comedia adulta.

Secret Diary... narra la historia a una chica que se prostituye porque le gusta el sexo y no quiere trabajar. No es un mensaje feminista, pero al menos plantea un salto moral reconfortante. No hay reuniones familiares ni redenciones frente al precipicio. Sólo por eso merece ser vista.



Además Billie Piper está espectacular [No esperes verla en ningún canal español (ojalá me equivoque)]

Aquí podemos disfrutar de 700 euros. Al fin y al cabo es la misma historia, ¿no?

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04 septiembre 2008

Extraterrestres en Cardiff

Torchwood es una buena serie plagada de fallos.

Es irregular y gusta de alargar innecesariamente los episodios. Las situaciones dramáticas son interesantes, pero en ocasiones se hacen eternas. Las escenas de acción no están muy logradas y hay muchos capítulos cuyas tramas carecen de interés.



Además Cuatroº la ha maltratado inmisericordemente desde su estreno un domingo de madrugada hasta ayer martes (último capítulo de la 2ª temporada emitido a las 03:15)...

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Torchwood es un spin-off del nuevo Doctor Who.

Y es un hecho curioso, porque conozco Torchwood pero no he visto apenas nada de la serie madre (estoy en ello) y muchas referencias se me escapan.

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Torchwood es una agencia de vigilancia de lo paranormal. Hay una brecha en el espacio-tiempo y por ahí entran cosas que no deberían estar aquí. Para eso esta el Capitán Jack Harkness y su equipo.

No es un argumento muy original.

Y sin embargo, Torchwood se eleva de la mediocridad dominante y plantea conceptos tan novedosos y/o brillantes que la hacen de visión obligada para los jóvenes incorformistas del nuevo milenio.

Ahí vamos

1. La acción tiene lugar en Cardiff. Una ciudad sin glamour, muy pequeña (apenas 300.000 habitantes)...

La serie se desmarca de los escenarios cosmopolitas, pero también del ruralismo provinciano. Y eso es algo tremendamente original (¿No os da la sensación de que la trama de todas las series españolas transcurre en Madrid?)

2. El tratamiento del sexo (o mejor dicho, de la sexualidad) de sus personajes. El amor y sexo como elementos diferenciados, casi opuestos. La bisexualidad es admitida y respetada.

Choca ver tanta libertad sin recurrir a explicaciones morales. Torchwood normaliza algo que las ficciones modernas tratan con paternalismo y buenrollismo. Aquí no hay juicios de valor.

3. El actor protagonista, John Barrowman es como una versión respetable de Tom Cruise. Con sonrisa brillante, pero también con glamour y estilo.

Todo el reparto es extraordinario.

4. Me pone Eve Myles.



5. La serie tiene ese toque británico (y no sólo con los golpes de humor puntuales) que la hace encantadora.

Posiblemente sea a causa del gran número de dentaduras deformadas que aparecen (es algo increible)

6. Es oscura. No le importa colocar a sus personajes en situaciones límite. Todos sufren y algunos mueren.

7. La fotografía (digital) puede resultar molesta, pero está muy bien manejada.

Es una serie nocturan con muchos exteriores. Eso le da cierto estilo desaliñado y amateur que pega muy bien con la temática. Eso sí, nunca se pierde la seriedad.

8. James Marsters tiene una papelito en la segunda temporada.



Eso le da muuuuuuuuuuchos puntos a favor.

9. El tono apocalíptico es casi constante.

Todo es mejor si tiene un toque apocalíptico.

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04 agosto 2008

Programación estival

En La2 (para selectas minorías)...

a las 15:30

Las gemelas de Sweet Valley





A las 20:35

Pacific Blue




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Algún programador borracho ha visto demasiados anuncios de coca-cola y ahora piensa que los 90's molan.

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30 julio 2008

Orgullo nacional

Secret Diary of a Call Girl


700 euros. Diario de una Call Girl


Si es que no hay nada como la industria patria.

Donde esté Toni Cantó...

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24 julio 2008

Definición de estupidez

"YouTube es un modelo absolutamente fuera de la ley. ¿Cómo se celebra YouTube y se castiga el top manta, si es lo mismo?"

Paolo Basile, Consejero Delegado de Tele 5


"El Juez ordena a Youtube que deje de usar imágenes de Telecinco" (aquí)

"Telecinco ve en el auto contra YouTube un 'precedente internacional'" (aquí)

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25 junio 2008

Alta política

La sexta temporada de El ala oeste de la Casa Blanca es posiblemente una de las mejores cosas que le ha pasado a la televisión en muchos años.

La serie de Aaron Sorkin supera la negritud de la quinta temporada y se embarca en un carrusel de tramas sorprendentes. Las primarias demócratas y ese candidato latino que va escalando puestos poco a poco demuestran que la ficción televisiva puede ser buena y necesaria.

Además, Jimmy Smits ha demostrado tener talento. Es una de las mejores incorporaciones y un actor a redescubrir. Su lucha contra el candidato republicano (un excelso Alan Alda) se antoja mítica.



La septima caerá pronto...

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16 junio 2008

La revolución fracasada

Yo soy Bea es una serie con mucho mérito.

Evidentemente no le exigiremos a una serie diaria los mismos mínimos de calidad que a una semanal. Juegan en distintas ligas.

Yo soy Bea es un culebrón. La iluminación es plana, el reparto irregular, los guiones apresurados, la dirección inexistente. Todo en su conjunto, y aunque nos cueste reconocerlo, muy por encima de la media del género (algo que tampoco es decir mucho).

Cierto que buena parte del trabajo ya estaba hecho al tratarse de un remake de Betty la Fea (de la que también salió la más competente, que no mejor, Betty norteamericana)

Se agradece que en todas las versiones se apueste por el humor antes que por el melodrama (no, no es una aportación española)

Pero al final todas terminan cayendo en los mismos errores: la traición a su público mayoritario (las mujeres). Y lo más sangrante es que es una traición no sólo esperada sino también deseada por todas ellas. Y eso nos hace plantearno 100 años de luchas por la liberación de la mujer.

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Bea no es fea. Es una chica pasable que sale en una serie disfrazada de fea. Es una farsa con la que transigimos.



Bea tiene buen corazón. Está enamorada y los superficiales empleados de su empresa la tratan con desdén. Hay pues un mensaje moral: la belleza está en el interior, el aspecto externo es meramente coyuntural. Lo importante de una mujer no es el aspecto sino la inteligencia.

Sin embargo, finalmente termina quitándose el disfraz. Y es guapa. Y todos aplaudimos como borregos.

Han timado a su público: les hicieron pensar que era una fábula feminista, un cuento moderno sobre la liberación de la mujer. Ahora resulta que no es más que un relato clásico: "El patito feo" o "Cenicienta".

Y lo más doloroso es que a 8 millones de personas (de las que más de la mitad serán mujeres) no sólo les de igual sino que se muestren encantadas con la transformación. Porque ese cambio de aspecto traiciona el espíritu de la serie, pero el fervor por el que fue recibido por la audiencia traiciona más de un siglo de luchas feministas (desde el sufragismo a la igualdad de salario).



Y a mi, como hombre, eso me da igual. Pero en general todo esto dice muy poco del género humano. Y es triste, muy triste.

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Durante la II República Epañola muchos (y muchas) destacados dirigentes socialistas y republicanos se opusieron al Sufragio Universal. Pensaban que dar el voto a las mujeres significaba dar una ventaja decisiva a la derecha.

No se trataba de una artimaña machista. La mayoría de ellos estaban a favor de que las mujeres se pudieran presentarse a los cargos, pero pensaban que el sector femenino era más dado al orden, al catolicismo y a la seriedad. Y no interesaban como electoras.

Las elecciones de 1933 les dieron la razón.



Por lo visto no sólo existe la traición de clase, sino también la traición de género.

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"Era algo que antes o después le tenía que ocurrir a la protagonista de esta historia con final feliz. El cambio de imagen cierra el ciclo vital del personaje (...) En todo caso, su nuevo aspecto es un premio a la constancia del público que sigue con fidelidad Yo soy Bea"

Ruth Nuñez, alias Bea.

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Y quien me diga que era el único final lógico y coherente... que haga el favor de escribir 100 veces en una pizarra (y si no la tiene a mano, la busca):

"Shrek es lógica y coherente, y no es un insulto a las mujeres"

Aunque, como ya he dicho antes, yo soy un hombre. Y este tema ni me va ni me viene.

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19 mayo 2008

Un escudo manchado

The Shield no se puede entender sin Los Soprano.



Es una explotación. No de ambientes, ni de personajes, ni de situaciones. The Shield explota el vacío moral de la mítica serie de la HBO. Ya no hay buenos y malos, sólo gente normal en un mundo difícil.

Pero volvamos al principio. Los Soprano demolieron muchos conceptos. Son la primera piedra (aunque hay algunos antencedes ilustres) para la normalización del medio televisivo: ya no había que sentir vergüenza porque te gustará una serie de televisión, ya eran casi como el cine. Además estaba lo de la continuidad, con tramas y subtramas extendidas a lo largo del tiempo y de las temporadas. Quizás no fue una novedad absoluta, pero sí que fue un éxito. Y el éxito al final es lo que cuenta cuando se hace televisión.

Los Soprano se emitían por cable, y esto no es un hecho sin importancia. El no depender de la publicidad te permite saltarte muchas barreras. Ya no es posible la censura previa más demoledora: la censura del capital. Los boicots y protestas ya no molestan tanto a los productores si no van acompañados por un descenso de los anunciantes. El cable permite un diálogo abierto entre la televisión y los espectadores porque no existe un intermediario (la publicidad) influido por los grupos de presión. Y hay que tener muy en cuenta este hecho para entender la gran calidad de las series actuales.



Y la HBO lleva años sacando partido a esto. Sus series son buenas porque en ellas se superan los tabús que la sociedad americana llevaba años guardándose dentro. La violencia, el sexo o los personajes malvados que caen simpáticos... casi todo está permitido.

Shwotime o FX (e incluso algunos canales que emiten en abierto) se han subido al carro y esto ha provocado una pequeña crisis creativa en HBO. Y The Shield es un buen ejemplo de ello.

Si algo ha preocupado a los censores norteamericanos a lo largo de la centuria pasada ha sido el hecho de que los malos de la película/serie/cómic tuvieran algún aspecto positivo, algo que hiciera que los niños quisieran ser como ellos al hacerse mayores.

El maniqueismo de la ficción del siglo XX (con héroes impolutos y malvados nada simpáticos) es fruto de la presión de grupos sociales obsesionados por controlar la evolución emocional de los más pequeños. Grupos cada vez más virulentos ante el fracaso que sus iniciativas, sobre todo a partir de los años 80's.

The Shield nos presenta a unos buenos que hacen cosas malas. Policías que torturan, pegan y se saltan las reglas. Hombres de Dios que se sienten atraidos por otros hombres. Brillantes detectives que ocultan su debilidad personal, su infelicidad.

La serie es buena porque está bien rodada (toda una clase magistral sobre el uso de la cámara y del zoom) y porque está bien ambientada (los barrios pobres de Los Ángeles son un personaje más). Porque construye sobre la ambigüedad moral de sus personajes discusiones interesantes y necesarias para entender el mundo moderno.



Pero no sería una gran serie sin su irregular reparto (me encantan Michael Chiklis, Benito Martinez y CCH Pounder; no soporto ni a Walton Goggins ni a Jay Karnes)

Posiblemente no sea la mejor serie de la actualidad, pero si es una serie necesaria.

Necesaria porque habla de los límites de la ley, de un mundo que no es ni negro ni blanco. Necesaria porque plantea preguntas y no da soluciones fáciles. Porque no hay nada fácil, porque una persona o sus actos no se pueden explicar tan facilmente como pretenden los tertulianos de la televisión o de la radio.

The Shield no es una obra maestra, pero es entretenida y brillante. Es la clase de producto que dignifica un medio, una televisión o un país.

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26 marzo 2008

Ver crecer la hierba...

Si algo no soporto de la ficción televisiva nacional es su poco dominio del "tempo".

Las causas son muchas: la manía por alargar los chistes, la poca pericia de los programadores a la hora de colocar las (necesarias) pausas publicitarias, la duración de éstas, la costumbre local de irse tarde a dormir y el consiguiente alargamiento del "prime time"...

El resultado es desalentador. Series largas y repetitivas. Y lo que es peor: sin ritmo.

El problema es extensible (y todavía más doloroso) a la emisión en España de series extranjeras. Se nota cuando iba originalmente una pausa, hay un clímax y un fundido en negro. Aquí eso no se respeta, la serie continúa y a los cinco minutos hay una pausa. Parece una tontería pero este desfase entre la concepción original de la obra y las decisiones de sus programadores repercute muy negativamente en su visonado.

Y ahí radica otro de los grandes problemas nacionales: el poco respeto hacia el creador y hacia el espectador. Un mal endémico de un país de intermediarios.

Además las series americanas tienen dos formatos básicos: 20 minutos y 40 minutos (con publicidad, media hora y una hora). Eso no sirve para un "prime time" de dos horas. Se programan dos episodios seguidos, se repiten episodios viejos o se invierte el orden (esta aún caliente el caso de CSI Las Vegas). En el actual marco de ficción, donde los creadores han optado por finales abiertos y personajes y tramas que evolucionan... la forma de programación hispana es muy perjudicial.

Y sin embargo las series españolas siguen girando alrededor de episodios autoconclusivos. Cuando con su 1'30 h no lo necesitan. Pero hay miedo a crear algo medianamente original (el caso de Fago es sangrante: era difícil rodar una historia tan buena de peor manera)


Esto viene al caso de Weeds.

Una de las mejores serie de la actualidad.

2o minutos son un mundo. 12 capítulos por temporada bastan para crear una dinámica.

Y si alguien me dice que los americanos son estúpidos, le diré que no más que nosotros. Pero cuando te encuentras con algo como Weeds te desarman.

Sexualmente explícita. Salvaje y radical. Extrañamente moral. Y muy divertida.

Una de las mejores series que actualmente se emiten. En el mundo.

Sí, y me pone Mary-Louise Parker. Mucho.

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14 febrero 2008

Battlestar Galactica - Ciencia ficción tras el 11 S

Una serie como Battlestar Galactica (2003 - ?) dificilmente se hubiera hecho si un grupo de fanáticos estúpidos no hubieran estrellado un par de aviones contra algunos de los mayores simbolos arquitectónicos norteamericanos.





A pesar de estar basada en una serie anterior (años 70') y de que su creador provenía de una franquicia clásica (Star Trek)... la nueva Galáctica es hija de su tiempo, puro siglo XXI. No se entiende sin unos EEUU en guerra contra un enemigo invisible, sin terrorismo o sin miedo (mucho miedo).

La historia es la misma: una guerra entre robots y hombres. Un universo lejano organizado en doce colonias humanas que es destruido por un ataque sorpresa de los robots (los cylon) y donde sólo sobreviven una nave de combate (Galáctica) y varias comerciales que forman un comboy en busca de la tierra prometida (la Tierra) mientras son acosados por sus enemigos.

El punto de partida es igual que en la serie original... es la historia de una huida. Pero los símbolos y el desarrollo de esa huida es radicalmente diferente.

Los nombres, los lugares y los dioses son griegos; y sin embargo los cylon parecen creer en un único Dios todopoderoso. Hay profecías y se repite constantemente la misma letanía: todo ha pasado y volverá a pasar. La Historia del mundo es circular y los hombres están predestinados a cometer los mismos errores una y otra vez. En ese sentido Battlestar Galáctica en una serie profundamente metafísica. Interesante la mayoría de las veces, aburrida a ratos.



Por otro lado está la guerra contra los cylon. Hay robots que parecen tostadoras con patas (los únicos que había en la serie original, por otra parte) y naves de combate que están vivas. Hay peleas y disparos, y buenos efectos especiales, y acción trepidante. Pero también hay cylon humanoides (idénticos a nosotros) infiltrados en las naves. Terroristas y saboteadores que tienen un plan. Y eso es lo realmente original de la serie: los cylon tienen un plan, pero no sabemos cual es. A ratos parece que ayudan a los humanos en su huida, otras veces la dificultan. La Historia es circular y ellos saben qué va a pasar, pero nosotros (los espectadores) no. Y eso es terriblemente desasogante.

Y el hecho de la existencia de los infiltrados le da una dimensión política muy interesante. Hay miedo y desconfianza. Hay luchas entre el poder político y el militar. Se discute mucho sobre un mundo que, salvando las distancias, se asemeja mucho al nuestro: un mundo obsesionado por la seguridad.

Un plano de una mujer recorriendo un pasillo lleno de fotografías de los muertos tras el ataque cylon. Unos robots metafísicos, seguros de cumplir una misión sagrada. Metáforas muy evidentes, quizás demasiado.

Y aún así la serie es realmente brillante. En primer lugar, se puede disfrutar a distintos niveles: desde la acción o desde un punto de vista teológico o político. Los guiones (su creador, Ronald D. Moore, también lo es de Carnivàle y eso se nota) son estupendos y se crean situaciones dramáticas y arcos argumentales que permiten apreciar a los distintos personajes (y hay un montón). También hay buenos actores: Edward James Olmos y Mary McDonnell tienen muchas tablas, Jamie Bamber y Katee Sackhoff derrochan entusiasmo (sobretodo ella) y Tricia Helfer erotismo.


Devoré la primera temporada en una semana. Estoy deseando ver la segunda y ver hasta que punto está pirado el Doctor Baltar, un ser tan patético que resulta adorable.


Cylon and Garfunkel

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20 noviembre 2007

Canal odio (pero poco)

En mi vida real, alejada del ordenador quiero decir, una vez por semana hago crítica de cine en una radio local. No está mal, tengo seudónimo y me dan una entrada gratis para el fin de semana.


Pero me pasa lo mismo que a Homer Simpson en aquel capítulo en el que se convertía en crítico de comida: me gusta todo. Como cinéfago soy incapaz de regodearme en los errores de una película, siempre me quedo con sus virtudes, con sus logros o incluso con sus intenciones. Hay excepciones, pero muy pocas.

Y va Kalimero y me pide que haga una lista con las series de televisión que más odio (un meme, o sea). Y, bueno, es que a mi me gusta todo. Pero haré un esfuerzo y lo intentaré... aunque espero no terminar como aquel capítulo de Los Simpson con un cocinero francés y su postre mortal.

Y no, Los Simpson no son una de las series que odio. Es evidente.

Son éstas:

1. Sexo en Nueva York: mega cool, mega neoyorkina, mega feminista... Me hace desear que los bolcheviques no se hubieran detenido en Alemania. Vale, trabajo duro y falta de libertad... pero nos habríamos ahorrado tanta tontería.



2. Pokemon: no me hace gracia. Y además es terriblemente repetitiva.

3. Hospital Central: No voy a a hacer sangre con la ficción española... pero de este engendro tengo que hablar. Que Urgencias fracase y esto sea lider de audiencia durante muchos años seguidos dice muy poco de los programadores y del público español. Copia barata y moralista de gran parte de la ficción médica americana, en ocasiones cae en el plagio más indecente. Además, no soporto el careto (ni la voz) de María Casal. Eso es crónico.




4. La ley y la vida: Toni Cantó dejó 7 Vidas para hacer ¿esto?. Le encantaba a mi padre, aunque gracias a Dios la cancelaron muy pronto. Si alguien no se acuerda, que no intente hacerlo (será más feliz)

5. CSI Miami: La franquicia de Las Vegas no es que sea una maravilla, pero cuenta con unos cuantos personajes simpáticos... Aquí las rayadas pseudocientíficas son parecidas, pero los policias son nazis que consideran a los ciudadanos culpables hasta que no se demuestre lo contrario (mirenla con una poca de perspectiva política). Además Horatio es uno de los seres más repulsivos que existen (no sonríe, siempre tan trágico, tan moral e impoluto).

6- Ally McBeal: era interesante a ratos. Pero la alargaron tanto que empezó a carecer de sentido. Se cargaron una serie (con dos o tres temporadas innecesarias) bastante potable. Tan potable que había sobrevivido a la espantosa actuación de Calista Flockhart

7. Los Serrano: Ni últimas temporadas ni leches. Nunca entendí el éxito de esto. Ni tampoco de Médico de Familia, aunque eso es otra historia.

Y no se me ocurren más, aunque seguro que las hay peores. Aunque cada uno tiene su opinión y yo las respeto casi todas (sí, soy un mierda de relativista de esos contra los que el Papa lanza encíclicas cada dos por tres)

Como hace poco que hice otro Meme, dejo a vuestra elección hacer éste. En resumen: hacerlo si quereís.

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15 noviembre 2007

Deadwood: cerdos, hombres y otros animales

Deadwood es una gran serie, posiblemente una de las mejores que he visto en años.



Pero, seamos sinceros, entre tanta oferta como la que hay en la actualidad, una afirmación como la anterior no quiere decir nada. Sobran horas de material audiovisual y falta tiempo libre para disfrutarlo todo. Hay que seleccionar y hay que hacerlo rápido.

Una afirmación como "xxxxxx es un gran serie" no vale nada. Hemos llegado a tal punto de elitismo contracultural que hay que vender tus gustos, los productos que consumes. Porque en la sociedad actual no vale sólo con disfrutar algo haciéndolo, hay que disfrutar comentándolo.

Así que directamente voy a dar mis razones para ver la serie, mis argumentos...

1. Recupera la honorable tradición de "series del oeste", pero lo hace desde una perspectiva nueva, alejada tanto del producto familiar de serie B (Bonanza) como del delirio PoP desmitificador a base de humor (Brisco Country Jr. o The Wild Wild West)

Deadwood adopta un clasicismo desmitificador, puro Peckinpah. Y Peckinpah mola, eso lo sabemos todos.

2. Está hecha por gente de garantía: David Milch (Canción triste de Hill Street y NYPD Blue), Edward Bianchi, Davis Guggenheim y, el grande entre los grandes, Walter Hill.

3. El reparto es sobervio...



4. Si se cargan a alguien (y se cargan a muchos) se los dan de comer a los cerdos de señor Wu.

5. Los niños mueren (impresionante la paliza que recibe el personaje interpretado por Kristen Bell) y luego los echan a los cerdos. Es audaz, ¿no?

6. Dignidad. Eso es lo que trasmiten los personajes de Timothy Olyphant y del enorme Keith Carradaine (Wild Bill Hickok)



7. Porque es una historia real, pero también hay algo de leyenda. Historia americana, mitología moderna que se debería estudiar en las escuelas. Porque el mundo sería un lugar mejor si todos supieramos que a una doble pareja de ases y ochos se la llama "la mano del muerto" porque esa era la jugada que tenía Bill Hickok antes de que el cobarde de Jack McCall le pegara un tiro por la espalda.

8. Al Swearengen (Ian McShane). Inglés, camarero, dueño de un prostíbulo y el hijoputa más peligroso del mundo. Todo carisma... una palabra suya, un segundo ante la cámara, vale más que toda la ficción televisiva española de la década.



9...

Y mil cosas más.

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11 abril 2007

La realidad supera la ficción

Callejeros (Cuatroº) es un gran programa.

Periodismo del bueno.

Preguntas incisivas.

La verdad de la calle.

Realidad sangrante.




"Tienes una mancha en el pelo... ¿Qué es?"

Ahí le has dado.

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